lundi, mai 04, 2009

II Congreso Internacional Wittgenstein en español


II Congreso Internacional Wittgenstein en español
11, 12, 14 y 15 de mayo de 2009
Biblioteca Nacional
Aguero 2502
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
congresowittgenstein@unla.edu.ar

PROGRAMA

LUNES 11 de MAYO
9:30 hs. / ACREDITACION
10:00 hs. / APERTURA A cargo de autoridades de la UNLa.
10:30 hs. / PRESENTACION A cargo del Presidente del Congreso Ricardo Maliandi.
11:00 a 12:30 hs.
Tiempo, Mundo, Vida y Muerte en el Tractatus.
Alejandro Tomasini Bassols IIF, UNAM.
12:30 a 14:30 hs. / ALMUERZO
14:30 a 16:30 hs. / PANEL TEORIA DEL CONOCIMIENTO
Wittgenstein: sobre dudar y saber. Antonio Ramirez Victorio Universidad de San Marcos, Lima.
Los límites fácticos de la justificación.
Federico Penelas UBA.
16:30 a 17.00 hrs. / CAFE
17.00 a 18:30 hs.
Reflexiones acerca de la subjetividad en Wittgenstein
Jesús Padilla Gálvez Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad de Castilla-La Mancha, Toledo.

MARTES 12 de MAYO
11:00 a 12:30 hs.
La visión total en Wittgenstein (Übersicht) y en Platón (sinopsis)
Roberto Rojo Universidad Nacional de Tucumán.
12:30 a 14:30 hs. / ALMUERZO
14:30 a 16:30 hs. / PANEL
Lógica y Racionalidad La filosofía de la lógica de Frege y el Tractatus.
Sandra Lazzer / UBA
Modalidad en el Tractatus
Moisés Macias Bustos / UNAM
16:30 a 17:00 hs. / CAFE
17:00 a 18:30 hs.
Wittgenstein y el relativismo
Magdalena Holguín

JUEVES 14 de MAYO
11:00 a 12:30 hs.
Wittgenstein y las matemáticas: una investigación sobre los juegos de lenguaje de los campesinos Sin Tierra del sur de Brasil
Gelsa Knijnik Universidade do Vale do Rio dos Sinos, Brasil
12:30 a 14:30 hs. / ALMUERZO
14:30 a 17:00 hs. / PANEL LECTURAS WITTGENSTEINIANAS
Coordinado por Horacio Potel
Apropiaciones pueriles del concepto juegos del lenguaje en Wittgenstein.
Cristina Ambrosini UNLa. / UBA
Wittgenstein y la expansión de lo político.
Silvia Rivera UNLa. / UBA
Wittgenstein y la matemática borgeana de los tigres azules.
Andrea Costa Universidad Nacional de Córdoba CONICET
17.00 a 17.30 hs. / CAFE
17.30 a 18.30 hs.
Presentación del Libro Wittgenstein en español.
Alejandro Tomasini Bassols y Silvia Rivera (comps.)
Presentadores
Esther Díaz y Javier Legris

VIERNES 15 de MAYO
10.30 a 12.30hs. / PANEL FILOSOFÍA DE LA MENTE
Sobre el lenguaje, la conciencia y sus qualia en la filosofía de Wittgenstein.
Marcelo Díaz Soto Universidad de Santiago de Chile
Sobre estados mentales y fingimiento: Del acceso impedido a la evidencia imponderable
Daniel Trapani Universidad Nacional de Rosario
12:30 a 14:30 hs. / ALMUERZO
14:30 a 16:30 hs. / PANEL GRAMATICA Y FILOSOFIA
Compatibilidad vs. conmensurabilidad. La «gramática» wittgensteineana ante un reto (inter)cultural.
Sabine Knabenschuh de Porta Universidad del Zulia, Venezuela
La filosofía según Wittgenstein y la filosofía después de Wittgenstein: Hacia una elucidación de la función de los conceptos filosóficos. Glenda Satne / UBA
16:30 a 17.00 hs. / CAFE
17:30 a 18:30 hs.
La concepción wittgensteineana de los problemas filosóficos.
Carolina Scotto Universidad Nacional de Córdoba.
18.30 hs.
Cierre del Congreso a cargo de las autoridades de la UNLa.

vendredi, mai 01, 2009

Un filósofo argentino, procesado por colgar textos de Derrida


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Un filósofo argentino, procesado por colgar textos de Derrida

La Cámara Argentina del Libro demanda al profesor Horacio Potel

R. BOSCO / S. CALDANA 30/04/2009

"Llegué tarde al mundo de las computadoras, en abril de 1998". Así empieza el relato de Horacio Potel, docente de filosofía en la Universidad de Lanús en Buenos Aires, que se enfrenta a una pena de entre un mes y seis años de cárcel por infringir la ley 11.723 sobre la Propiedad Intelectual, del Código Penal argentino. Potel ha sido incriminado como responsable de las webs sobre Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger y Jacques Derrida, abiertas en 1999, 2000 y 2001.

Estos sitios permitían descargar de forma gratuita escritos de los tres filósofos, además de biografias, fotos, enlaces y comentarios para facilitar el conocimiento y el aprendizaje de sus doctrinas. Un largo trabajo de recopilación, traducción, interpretación de textos y material documental.

Denuncia en la embajada

La Fiscalía de Buenos Aires ha actuado a raíz de una denuncia de la Cámara Argentina del Libro. La querella se produjo tras una queja de Les Editions de Minuit, a través de la embajada de Francia, en cuyo catálogo figuran obras de Derrida. Irene Lindon, editora de Minuit, explicó a este diario que muchas obras están vivas en el mercado. "Escribimos muchas veces al profesor rogándole que desactivara el sitio y nunca recibimos respuesta por lo que nos dirijimos a la embajada para proteger el derecho de autor y de sus herederos".

Aunque la denuncia se formuló sólo por el sitio dedicado a Derrida, la Unidad de Delitos Tributarios investigó también los otros dos. Finalmente como medida cautelar el profesor Potel tuvo que desactivar las webs de Derrida y Heidegger. Se salvó sólo la de Nietzsche, que desde 2001 ha registrado casi cinco millones de visitas, porque tal y como se recoge en la instrucción fiscal "queda acreditado que murió en el 1900", por lo que su obra es de dominio público.

"Invito a mis denunciantes a que me digan, dónde puedo encontrar el material que con su acción judicial obligaron a destruir, en qué librería se puede comprar, en qué biblioteca se puede consultar", critica Potel. "Yo tardé años en reunirlo. Muchos textos no pueden ser adquiridos y aún así están protegidos por leyes de propiedad intelectual. Además los precios de las editoriales extranjeras son prohibitivos para los latinoamericanos".

Mientras, Google sigue situando los sitios desactivados entre las primeras respuestas a las búsquedas por nombre de los autores y en varias redes sociales han aparecido grupos de apoyo a la labor de promoción filosófica de Potel.

dimanche, avril 26, 2009

En Argentina, difundir Filosofía es un delito


Inaudita querella contra un profesor por subir textos a Internet
En Argentina, difundir Filosofía es un delito
Eso es lo que considera la Cámara Argentina del Libro, que inició una causa penal instigada por el lobby de una editorial francesa. Habla el autor de los sitios cuestionados.
Fernando Arredondo / De la redacción de UNO


Hay una noticia que corre como reguero de pólvora por Internet desde hace un tiempo, que tiene como marco la contradicción cada vez más manifiesta entre legislación y libre acceso al conocimiento y la información, a partir de la expansión de las nuevas tecnologías. Se trata de una causa penal abierta en el Juzgado Nacional en lo Criminal de Instruccion Nº 37 de Buenos Aires contra el profesor de Filosofía Horacio Potel, que enseña en la Universidad de Lanús, por supuesta infracción a la Ley 11.723 de derechos de autor, también conocida como Ley Noble (por el fundador de Clarín, ver aparte). El delito que cometió Potel según la Cámara Argentina del Libro, la parte querellante, es haber creado y mantenido (sin fines de lucro, hay que subrayar) sitios webs dedicados a traducciones de trabajos filosóficos. Son tres las páginas de Potel: una con obras del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, otra con textos del también filósofo alemán Martin Heidegger y la restante, con trabajos del francés Jacques Derrida. Estos espacios, además de la ahora cuestionada reproducción de textos, ofrecían fotos, biografías, comentarios y enlaces con otros sitios vinculados. La ardua labor del docente había conducido a que sus sitios se conviertan en, posiblemente, los más visitados en la materia por cibernautas hispanoparlantes. Para comprobarlo sólo basta teclear “Derrida” en Google: primero aparece una biografía de la popular Wikipedia; en segundo término está el sitio de Potel (www.jacquesderrida.com.ar) sobre un total de más de 3 millones de páginas. Este exitoso emprendimiento del saber ahora se ha convertido en una verdadera tortura para Potel –con quien UNO se comunicó vía mail– en una historia que se parece bastante a la de Josef K., aquel personaje de Franz Kafka de la novela El Proceso, que debía defenderse ante la Justicia de una acusación que nunca terminó de comprender.
—¿Cuándo inició usted sus páginas y qué lo movilizó a hacerlo?
—Tuve mi primera computadora relativamente tarde, allá por el año 1998, venía con una oferta de “Internet gratis”. Allí estaba yo, fascinado por las posibilidades que el formato digital le daba a mi trabajo y enamorado de contar con un medio que me daba la posibilidad de encontrarme con libros de los que siempre había oído hablar pero que estaban agotados hacía años o jamás habían sido publicados, muchos de ellos porque al titular del derecho de copia no le interesaban o no los veía rentables o estaba encaprichado en no publicarlos. Yo estaba en esa época fascinado con el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Y de él había poco y nada en esos tiempos lejanos en la web. Algunos textos en inglés y alemán, pero casi nada en castellano. El buscador Altavista (el Google de aquella época) indexaba sólo 15 textos sobre Nietzsche en castellano en toda la web. Pues bien, me pregunté ¿por qué no devolver los regalos y las sorpresas que la web me daba a diario, enriqueciéndola un poco? Y así fue que en una noche de diciembre de 1998 me puse a teclear una selección de textos de Nietzsche, y al otro día la obra de Nietzsche en castellano se había duplicado en la web. De esto ya pasaron 10 años, de trabajo en gran medida solitario, pagado con mi tiempo y mi dinero sin ninguna clase de subsidio ni de apoyo de ninguna entidad, pero tampoco, sin los juicios y amenazas de prisión con que hoy me regalan entidades que dicen defender con estas acciones nada menos que la cultura.
—¿Cómo fue armando sus sitios? ¿Cuál fue su método de trabajo?
—Mi idea con Nietzsche era la de la selección. Menos que ahora, igualmente era fácil entonces conseguir ediciones de papel baratas de Nietzsche, con pésimas traducciones, de dudosos libros suyos: La voluntad de poder, Mi hermana y yo y otras falsificaciones, eran y siguen siendo lo primero con lo que uno se suele topar buscando saber quién era ese tipo que se volvió loco en Turín. Así que yo pensé construir mi Nietzsche, mi propia interpretación de Nietzsche, llevando a cabo una selección estricta de aquellos textos que yo consideraba indispensables al momento de “entrarle” a Nietzsche.
Luego fue el turno de los comentaristas de Nietzsche, es decir de lo que yo estaba leyendo. Esas webs son el mapa de mis lecturas, porque yo a esa altura del partido había descubierto algo que pareciera que mucha gente aún no sabe: las computadoras son más eficientes que los dispositivos analógicos a la hora de la producción y difusión de conocimiento. La primera vez que pude trabajar a Heidegger con ocho artículos suyos abiertos en mi computadora y no apilados en el suelo, perdiendo horas para buscar el lugar donde creía que está la cita que acababa de recordar, algo cambió en mi cabeza.

El lobby francés
El proceso penal contra Potel se inició el 31 de diciembre de 2008 después de que la editorial francesa Les Éditions de Minuit, presentara su reclamo. Esta compañía ha publicado uno de los libros de Derrida, en francés. La queja de Minuit pasó a la Embajada francesa en Argentina y esa fue la base del proceso judicial que inició la Cámara Argentina del Libro en contra de Potel.

La cultura a precio oro
¿Cuál es su opinión sobre los derechos de autor y la industria editorial del modo que están establecidos en la actualidad?
El copyright tiende a concentrar, a través de la privatización, el control de la herencia cultural en manos de un número cada vez menor de propietarios privados. El copyright es la forma que tienen las corporaciones que fabrican libros de papel de apropiarse de la creación de los autores para su pura explotación mercantil, de manera tal que priva a todas las demás corporaciones editoras, incluido el autor, de la posibilidad de reproducir su propia obra. El copyright es el monopolio de la explotación de los productos culturales y como todo monopolio impide la competencia que podría traer alguna baja en el precio sideral de los libros, cosa particularmente grave en un país como el nuestro donde la gran mayoría de los libros de filosofía están patentados por corporaciones extranjeras con lo cual hay que pagarlos a precio de oro.
Es hora de preguntarnos qué es más importante, si la ganancia de algunos empresarios multinacionales que no quieren amoldarse a los tiempos que corren y a los nuevos esquemas de negocios que estos platean, o la necesidades urgentes que tienen Argentina y Sur América toda en cuestión de educación y cultura. Sobre todo cuando se cuenta ya con un medio técnico para la difusión libre y gratuita del conocimiento. Intentar, como se intenta cada vez más, privatizar la web es un crimen del cual, con justa razón, nos acusarán las generaciones venideras.

Nadie subraya que es imposible el trabajo académico sin computadora, lo que implica sin la digitalización de los textos con los cuales se trabaja. Los libros de papel son muy útiles al leer una novela. Pero a la hora de escribir artículos de Filosofía, los libros de papel se convierten en un anacrónico estorbo. Así que me vi abocado a buscar esos textos digitalizados, corregirlos, hacerlos legibles, modificando algunas traducciones que de tan malas se vuelven incomprensibles y esto no sólo pasa con las ediciones “truchas”, ediciones carísimas de “prestigiosos” editoriales extranjeros nos obligan a manejarnos con verdaderas estafas al consumidor que terminan traicionando de la peor forma al autor que se dice defender, porque la culpa de que no haya nuevas y buenas traducciones es también, en numerosos casos, culpa del monopolio al que nos somete el copyright. Sólo puede hacer una nueva traducción el dueño del copyright al que lo que le importa no es, en la mayoría de los casos, la calidad de su producto, sino la ganancia que pueda sacar de lo que para él es una simple mercancía.
Por eso no he mencionado aún la palabra “Derecho de autor” porque el derecho del autor no tiene nada que ver con el derecho de copia. Que un autor pueda ser leído libremente, pueda ser encontrado, consultado, difundido, en un lugar que ofrece un mínimo de calidad sobre lo que publica, que no sólo reúne, recopila información sino que la ordena, que al ser un medio digital permite hacer búsquedas de conceptos en casi toda la obra escrita de ese autor, un lugar así es un derecho que todo autor debería tener. Derrida y Heidegger los tenían en la web, las corporaciones que viven a costa de ellos han terminado con estos derechos de estos autores, para hacer valer sus patentes y sus propiedades. Y esto si podríamos compararlo con un acto de piratería: un fabricante de libros de papel se da el lujo de hacer desaparecer del patrimonio público, del espacio público de la red dos bibliotecas enteras sobre dos de los filósofos más importantes del siglo que terminó, han hundido tirando debajo de la línea de flotación el barco que transmitía la obra de Derrida y Heidegger, barco en el que ellos, por cierto, no contribuyeron para nada en su construcción.
Este criterio de selección me parece importante y me parece que es algo que molesta mucho a las editoriales multinacionales, a las embajadas neocoloniales y a las corporaciones de editores. Al fin y al cabo se supone o se suponía que ellos estaban o están dotados del poder de decidir que debía ser difundido y que no. Este poder, este capital simbólico es al fin y al cabo capital al que ninguna corporación en su afán de lucro y poder, quiere renunciar.
Lo paradójico es que estas corporaciones amparadas por el poder y el dinero defienden formas de distribución que el mismo sistema económico y legal que les da la pequeña satisfacción de cerrar un lugar de difusión cultural libre y gratuito, los condena por otra parte a la desaparición. No soy yo el enemigo de las editoras de papel, es el progreso técnico impulsado por el mismo capitalismo el que ha vuelto ineficaz y obsoleto su negocio, con lo cual cada vez más estos señores van a necesitar para sobrevivir de la ampliación de sus patentes y sus monopolios, como ya podemos ver que pasa en España donde hay que pagarles una suma a estos patrones cada vez que uno quiere comprarse un artículo informático. Para defender la cultura, dicen, mientras la asesinan.
—¿Tiene idea de cuántos visitas registraban sus páginas?
—El sitio de Nietzsche registra al día de hoy más de 5 millones de visitas. Los sitios de Heidegger y Derrida estaban arriba del 1,3 millones, lo que para webs especializadas en Filosofía creo que no está nada mal. Ahora toda esta gente, estudiantes, profesores, amantes de la filosofía, se han quedado sin la posibilidad de acceder a estos textos y producir así, a partir de ellos y de su herencia, nuevo conocimiento. El copyright lejos de promover la cultura como dice la propaganda, en este caso al menos se comporta de manera barbárica.
—¿Cómo se inició la causa en la que ahora usted quedó involucrado?
—La editorial francesa Minuit llamó a la embajada de Francia, ésta llamó a la Cámara Argentina (o francesa, ya no sé) del Libro y ésta denunció los sitios ante la Justicia argentina. Parece un acto de colonialismo cultural, ¿no?
—¿Usted tuvo algún aviso previo? ¿De qué modo se enteró que estaba siendo investigado?
—No tuve ni antes ni ahora ninguna llamada, ni de la Embajada, ni de la Cámara.
Una noche después de cenar ya por irnos a acostar, sentimos, mi mujer y yo un timbrazo en el portero eléctrico seguido casi inmediatamente por una serie frenética de golpes en la puerta, abro y se me aparecen dos agentes del orden preguntándome si era Potel y mostrándome un papelito que no querían darme, en el papelito pude ver que decía un numero de causa y la palabra “criminal”. En medio de tan grata visita les pregunté a los señores qué causa era esa y qué quería decir el numerito: “Usted sabrá en qué anda”, me contestó el servidor público. Algunas cosas no cambian nunca.
—¿Usted tiene sus teléfonos y cuentas de mail pinchados?
—Creo y confío en que no, pero esas son las medidas que pidió la Fiscalía, con el objetivo, al parecer, de probar algo que todo el mundo sabe: que yo soy el autor de esas páginas.
—¿Qué hizo con sus sitios?
—Los desactivé preventivamente, hasta que se decida la suerte de este proceso.

textual
“Si amamos la filosofía, no podemos dejar que nos arrebaten de la web, lo que construímos. Cada vez queda menos aire, cada vez nuevas y gigantescas corporaciones controlan todos y cada uno de nuestros pasos, para vendernos baratijas y Dios sabe qué otra canallada más. Somos nosotros, cada uno de nosotros los únicos que podemos defender la difusión de la cultura en la web, difusión gratuita y sin imposiciones de Tutores y Encargados. Como decía el viejo filósofo alemán Immanuel Kant: ‘¡Sapere Aude!’ (Atrévete a saber). He aquí la bandera de la Ilustración”.
Horacio Potel

La Ley Noble
La Ley 11.723 de Propiedad Intelectual fue sancionada en 1933, luego de ser promovida por el diputado socialista Roberto Noble, quien 12 años después fundó el diario Clarín. El profesor Potel queda atrapado en el inciso “a” del Artículo 72 de la norma, que sanciona a quien “edite, venda o reproduzca por cualquier medio o instrumento, una obra inédita o publicada sin autorización de su autor o derechohabientes”. Este delito, según la ley, “será reprimido con prisión de un mes a seis años”, como establece el artículo 172 del Código Penal.
En la página de la Fundación Vía Libre, que trabaja sobre temas vinculados a las nuevas tecnologías y los derechos ciudadanos, realizan el siguiente análisis sobre la causa: “La demanda carece de mérito en el caso de Nietzsche, ya que éste murió en 1900, y por lo tanto los derechos comerciales sobre su obra expiraron en 1970, y es probable que el aspecto penal de la querella no prospere porque para que lo haga deberían demostrar intención de dolo, pero tanto en el caso de Heidegger (1889-1976) como el de Derrida (1930-2004), la publicación de obras de estos autores sin autorización de los titulares del derecho de autor puede ser vista, efectivamente, como una violación de la letra de la ley 11.723. Para un juez, este hecho probablemente baste para considerarlo culpable, al menos en el fuero civil. Es posible, incluso, que un juez no tenga más remedio que declararlo culpable, ya que su función es aplicar la ley, y no cuestionarla”.
Poco hay que decir para observar que la ley fue pensada para un mundo muy distinto al actual, cuando los medios de comunicación masivos eran solamente la radio y los diarios. La irrupción de los medios digitales obliga de manera ineludible a repensar la legislación.

http://www.unoentrerios.com.ar/noticias_impresas/nota.php?id=11871

EL EXTRAÑO CASO DEL JUICIO AL PROFESOR HORACIO POTEL


CULTURA › EL EXTRAÑO CASO DEL JUICIO AL PROFESOR HORACIO POTEL

“El conocimiento no es una mercancía”

En el Día de la Propiedad Intelectual, la persecución judicial al docente que cometió el “delito” de difundir en la web textos difíciles de hallar de Derrida, Heidegger y Nietzsche debería servir para abrir un debate menos policíaco.


Por Facundo García

“Sólo una cosa es imposible para Dios: encontrarle algún sentido a cualquier ley de copyright del planeta” (Mark Twain en su cuaderno de notas, el 23 de mayo de 1903).

La noticia recorre el mundo: mientras varias instituciones celebran hoy el Día Mundial de la Propiedad Intelectual, hay un docente argentino que está siendo perseguido penalmente por haber creado dos sitios sin fines de lucro donde se podían descargar de forma gratuita textos de Martin Heidegger y Jacques Derrida. Con furor insólito, la fiscalía pidió que se allane el domicilio de Horacio Potel y se le intervengan las cuentas de mail y el teléfono; y hasta mencionó la posibilidad de enviarlo a la cárcel por un período de entre un mes y seis años. ¿Quién es Potel? Un filósofo que en 1998 se compró una computadora, se conectó a Internet y quedó fascinado: “No podía creer que existiera un medio donde cualquiera se podía comunicar a voluntad con cualquiera, donde los libros y las imágenes que tanto había amado y que tanto habían significado en mi vida estaban allí para ser distribuidos sin restricciones. En ese momento estaba apasionado con Nietzsche y me pareció una buena idea devolver esos regalos que la red me estaba dando; entre los que hay que contar a mi mujer, a la que conocí por la web en esos lejanos años”.

Aclaremos: no es que el entrevistado haya querido devolver a su esposa, sino que intentó retribuir lo que había recibido del ciberespacio generando proyectos en los que el dinero no fuera una condición para acceder a textos fundamentales. “El primer sitio –Nietzsche en castellano, nietzscheana.com.ar– está por cumplir una década, y tuvo más de tres millones de visitas”, puntualiza. A partir de aquel éxito surgió la idea de abrir páginas similares sobre Derrida y Heidegger. “Jacquesderrida.com.ar y heideggeriana.com.ar eran bibliotecas públicas online que gracias a una denuncia iniciada por la corporación local de fabricantes de libros de papel –la Cámara Argentina del Libro– y promovida por el agregado ‘cultural’ de la Embajada de Francia en Argentina, hoy ya no existen”, señala el profesor.

Lo cierto es que si quien conversa con Página/12 resulta ser un criminal para la Justicia, el problema es serio. Con modales tranquilos, Potel responde dejando entrever una bronca que no excluye ocasionales giros de humor ácido, un combo que parece coincidir con las reacciones que generó en los demás su llamado a la resistencia. Porque es posible que éste sea un hombre en apuros, pero no está solo: lo apoyan incontables blogs, un grupo en Facebook con más de dos mil ochocientos miembros, académicos, filósofos, estudiantes, investigadores, periodistas y ONG. En el Reino Unido, el grupo Copy South –de la Universidad de Kent– le dedicó un muy buen informe que está en kent.ac.uk/law/copysouth/es/hora cio_potel_es.htm. El abogado Leonardo Hernández está representando a Horacio sin cobrarle, porque sabe que su defendido no tiene un mango. Es que, después de todo, sus páginas ofrecían una completa relación de los textos de tres filósofos clave, además de fotos, biografías, comentarios y enlaces. Un auténtico tesoro para el lector tercermundista.

–El 31 de diciembre de 2008 Raúl Alejandro Ochoa, apoderado de la CAL, inició esta causa considerando que usted había violado la Ley 11.723, de Propiedad Intelectual. ¿Cuál es su situación ahora?

–Estamos esperando que el juez me llame a declaración indagatoria. Supongo que no ordenó aún las medidas que pidió el fiscal: intervención de mi teléfono y mis mails, y el allanamiento de mi casa. Tras dos meses de habernos enterado de la existencia de este juicio, el acostumbramiento nos sacó a mi mujer y a mí del constante infierno de estar temiendo que en cualquier momento un grupo de policías se meta en nuestra casa y se lleve las computadoras que –ambos somos docentes universitarios–, son una herramienta de trabajo.

–¿Cómo era su vida en épocas más tranquilas?

–Estudié Arquitectura en la UBA y luego como hobby empecé filosofía, la cual me atrapó y lo sigue haciendo, aunque ahora eso de “atrapar” haya tomado un matiz un poco preocupante. Actualmente trabajo en la Universidad Nacional de Lanús, donde dicto Etica y Metodología. En el campo de la investigación me estoy dedicando casi con exclusividad a Derrida y publiqué algunos trabajos sobre él. También me aboqué a Nietzsche y Heidegger. En el fondo, mis web son una especie de mapa de mis lecturas.

–Es evidente que se están oponiendo dos concepciones. Una que entiende que la filosofía y sus textos son mercancía y otra que estima al filosofar como un derecho universal. ¿Cómo jugarían esos valores en este juicio?

–Pienso que lo que se generó excede el ámbito de la filosofía. Se está discutiendo, directamente, el futuro de la difusión del conocimiento. El Parlamento Europeo dijo que “el analfabetismo electrónico será el analfabetismo del siglo XXI”, y desde este punto de vista, permitir que corporaciones oscurantistas preocupadas por sus balances empiecen a cerrar las bibliotecas digitales es asegurarnos un futuro de mayor ignorancia, y por tanto de mayor sometimiento y desigualdad. En Sudamérica no nos podemos dar el lujo de acceder a los reclamos de estos sectores, que al estilo de revividos luditas no titubean en destruir las nuevas máquinas del conocimiento en su afán de seguir ganando dinero con procedimientos artesanales.

–Tampoco las bibliotecas de papel están pasando un buen momento...

–No se hace nada por fomentar las bibliotecas del siglo XX, que están desabastecidas y desactualizadas hasta grados lamentables. A la vez, preventivamente, se empiezan a cerrar los embriones de las bibliotecas futuras. El acceso a los libros de papel se volvió imposible debido a los precios en euros. Además –y aun cuando se esté dispuesto a pagar las fortunas que piden– no hay dónde hallarlos fuera de Capital o alguna ciudad importante como Córdoba. En el interior son muy pocas las librerías especializadas en algo que no sea la venta de bestsellers y libros de autoayuda. Eso sin contar que los títulos pasan siglos agotados hasta que el fabricante dueño del copyright percibe que puede ser un buen negocio volver a publicar.

El ataque legal comenzó con una queja de la compañía francesa Les Editions de Minuit –que posee derechos sobre una parte de la obra de Derrida– y contó con el apoyo de la embajada francesa. “Que yo sepa –se embala Potel– la fábrica o artesanía Minuit no publicó libros aquí. Sin embargo, la colaboración de la CAL le permite concretar un ardid del más claro colonialismo, al negarnos el acceso a dos de los más importantes filósofos del siglo pasado.”

El acusado tomó conocimiento de la denuncia mediante la visita de un policía al que le encargaron chequear su domicilio. “Usted sabrá en qué anda”, respondió el agente cuando se le consultó el motivo. La causa lleva el número 57.627 y actúan el Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción Nº 37 y la Fiscalía 49 de la ciudad de Buenos Aires. Cayeron sólo los sitios sobre Heidegger y Derrida, ya que el fallecimiento de Friedrich Nietzsche ocurrió en 1900 y ya pasaron los setenta años establecidos por la ley para la conservación de los derechos del autor.

–Al menos Nietzsche zafó. Igual, es como si se pretendiera encerrar al pensamiento...

–Es un secuestro de Derrida y Heidegger. De eso se trata, de la desaparición de su legado para miles de personas que no tienen el dinero que les piden los “dueños”, o que simplemente no encuentran sus trabajos. Sobre esto el mismo Derrida fue muy claro, y permítame citarlo: “Heredo algo que también debo transmitir: ya sea algo chocante o no, no hay derecho de propiedad sobre la herencia”.

–Le planteo un juego filosófico: ¿qué cree que habría dicho Sócrates sobre lo que le está pasando? ¿Y Heidegger? ¿Y Derrida?

–Es difícil aventurar qué habrían pensado Sócrates o Heidegger, ya que no conocieron Internet, aunque Heidegger la haya previsto de algún modo. En todo caso yo no pienso beber la cicuta. Sí podemos aventurar la respuesta de Derrida al jefe de la CAL, que alegremente afirmó en un matutino que sin copyright no habría producción intelectual. Le diría que el conocimiento no es una mercancía, es una transmisión, una traducción, una tradición, una herencia, que como tal me preexiste. Lo que trae como consecuencia que el texto singular se independice de su supuesto autor para devenir máquina productora, diseminante del sentido, separada de la conciencia y por tanto de las intenciones y de la plenitud del “querer–decir” de éste, y de cualquier otro que quiera erigirse en el dueño.

Da para seguir pensando. Por lo pronto, los efectos que pueda tener la avanzada sobre el resto de los internautas invita a recordar aquellas palabras de Martin Niemöller que casi siempre se atribuyen erróneamente a Bertolt Brecht: “Cuando vinieron a llevarse a los comunistas/ guardé silencio/ porque yo no era comunista (...) cuando vinieron a llevarse a los judíos/ no protesté/ porque yo no era judío./ Cuando vinieron a buscarme/ no había nadie más que pudiera protestar...” El perseguido resume: “Ojalá todos tomemos conciencia de que éste es uno de los más graves problemas que enfrenta la cultura. La red aguantará. Quizá los textos de Derrida y Heidegger ya no sean tan fáciles de encontrar. Pero sus fantasmas no se dejarán conjurar tan sencillamente”.


mercredi, avril 22, 2009

No hay derecho de propiedad sobre la herencia


"Heredo algo que también debo transmitir: ya sea algo chocante o no, no hay derecho de propiedad sobre la herencia". DERRIDA, Jacques, Ecografías de la televisión, Buenos Aires, EUDEBA, 1998, p. 138.

jeudi, avril 02, 2009


Grupo en Facebook
contra la desaparición de hedeggeriana.com.ar y jacquesderrida.com.ar

En apoyo a la labor del docente universitario argentino Horacio Potel, responsable de la creación y mantenimiento de los sitios de difusión gratuita de filosofía en castellano Nietzscheana, Heideggeriana y Jacques Derrida, que ha sido enjuiciado por la Cámara Argentina del Libro, forzándolo a eliminar dos de esos preciados sitios.
http://www.facebook.com/group.php?gid=69836927743

samedi, mars 21, 2009

2020 contra la desaparición de Derrida y Heidegger


2020 contra la desaparición de Derrida y Heidegger

Llegué tarde al mundo de las computadoras, abril de 1998, cumpleaños 38, luego de meses de juntar plata me auto-regalo una Pentium 233, con 16 megas de memoria y un super-disco rígido de 5 gigas.
Venía con “Internet” gratis por un mes. Me metí para ver, lo hacia 1 hora por noche después de las 10 para no gastar tanto en teléfono y para no estar horas hasta que la foto de alguna pintura o de algún edificio terminara de bajar: tenía un modem de 33k y a la madrugada andaba más rápido.
Lo que vi me maravilló. Siempre tuve alguna afinidad con las imágenes, y ahora podía tener fotos, muchísimas fotos, coleccionar como loco miles de pinturas y palacios y catedrales, de las que salían y siguen saliendo en esos libros carísimos que ni antes ni ahora podía comprar. Ya había cambiado bastante mi vida la computadora, hasta tenía novia virtual (eso era en esa época algo rarísimo) chateaba y a veces intentaba hablar por internet con mi novia que estaba en Río Gallegos y luego en Bilbao y luego otra vez en Gallegos y luego nos casamos, previo “conocernos” (eso también era rarísimo, todavía era noticia televisiva el que se casara alguna pareja que se conoció de forma tan “anormal”. Era una noticia de freaks. Se hablaba de la adicción a Internet y las psicólogas como siempre nos informaban de lo peligroso que puede ser todo eso, para la salud, claro, como siempre).
El afán coleccionista pronto se extendió a los libros, yo estudiaba filosofía y estaba nuevamente fascinado con Nietzsche. Pero la desilusión con el estado de la web llegó pronto. De filosofía en Internet había poco y más bien nada. Unos sitios feísimos en ingles, alguna cosa en texto sin formatear en alemán, poco y nada y, claro, nada nuevo. En castellano, según Altavista (el anterior Google) había solo 15 páginas que tenían extractos de textos de Nietzsche. Eso me dio la idea.
Una noche muerto de ansiedad por subir el “sitio” a fines de diciembre del 99, subí a la web: Nietzsche en castellano, y la cantidad de textos de Nietzsche en español se duplicó en el mundo en una noche. Era un lugar muy feo (más feo aun de lo que es ahora, aún más lleno de colorinches, claro tenía un monitor malísimo, que apenas me dejaba ver algo, oscureciendo todo y apagando los colores).
Mi idea con Nietzsche era la de la selección. Menos que ahora, igualmente era fácil conseguir ediciones baratas de Nietzsche, con pésimas traducciones, de dudosos libros suyos: “La voluntad de poder”, “Mi hermana y yo” y otras falsificaciones, eran y siguen siendo lo primero con lo que uno se puede topar buscando saber quién era ese tipo que se volvió loco. Así que yo iba a poner a mí Nietzsche, una selección estricta de lo que yo pensaba que era la forma adecuada de entrarle a Nietzsche.
Luego fue el turno de los comentaristas de Nietzsche, es decir de lo que yo estaba leyendo, esas webs son el mapa de mis lecturas, porque yo a esa altura del partido había descubierto algo que pareciera que mucha gente aún no sabe: las computadoras son más eficientes que las máquinas de escribir. La primera vez que pude trabajar a Heidegger con ocho artículos suyos abiertos en mi computadora y no apilados en el suelo, perdiendo horas para buscar el lugar donde creo que está la cita que acabo de recordar. Nadie subraya que es imposible el trabajo académico sin computadora, lo que implica sin la digitalización de los textos con los cuales se trabaja. Los libros de papel, son muy útiles al leer una novela, sobre todo si es desde la cama como a mí me gusta. Pero a la hora de escribir papers de filosofía, los libros de papel se convierten en un anacrónico estorbo. Así que me vi abocado a buscar esos textos digitalizados, corregirlos, hacérmelos legibles, modificar algunas traducciones horribles: por ejemplo “Márgenes de la filosofía” está traducido y editado de tal manera que algunos de los textos más importantes de Derrida se tornan ilegibles, por qué no tenemos una traducción mejor: pues por lo de siempre, las patentes de los editores, cagandose en los derechos de los autores. Porque que alguien pueda ser leído, pueda ser encontrado, en un lugar que ofrece un mínimo de calidad sobre lo que publica, que ordena el material, que lo recopila y lo reúne, que permite hacer búsquedas de conceptos en casi toda la obra escrita del autor, un lugar así es un derecho que todo autor debería tener. Derrida y Heidegger los tenían en la web, las corporaciones que viven de ellos han terminado con estos derechos de autor, para hacer valer sus patentes y sus propiedades. El vampirismo puede llegar hasta el asesinato.
Este criterio de selección me parece importante y me parece que es algo que molesta mucho a las editoriales multinacionales, a las embajadas neocoloniales y a las corporaciones de editores. Al fin y al cabo se supone o se suponía que ellos estaban o están dotados del poder de decidir que debía ser difundido y que no. Este poder, este capital simbólico es al fin y al cabo capital al que ninguna corporación en su afán de lucro y poder, quiere renunciar, aunque sean corporaciones que defienden formas de distribución que el mismo sistema económico y legal que les da la pequeña satisfacción de cerrar al fin un lugar de difusión gratuito, los condena por otra parte a la desaparición, no soy yo el enemigo de las editoras de papel, son Google, las grandes compañías telefónicas y de acceso a Internet, en definitiva un sector dinámico y eficiente de la industria capitalista hace desaparecer a una industria obsoleta; nada nuevo bajo sobre el sol, salvo que los defensores de lo viejo, no desquitan su furia no con los gigantes que los enviaran tarde o temprano a la ruina, sino con un pobre tipo que no sabe nunca como llegar a fin de mes. Igualmente no voy a decir que la “valentía” de la Embajada de Francia y la Cámara Argentina del Libro, al elegir atacarme a mí y no por ejemplo a Google, no me da una perspectiva de mi trabajo que nunca tuve, si tales personajes se han conjurado para acabar con los fantasmas que yo puse en la web, alguna magia deberían tener los mismos.
Hubiera sido interesante que esta tarea de selección, no la hubiera realizado un particular que tenía entre sus meritos solamente estudiar filosofía, pero bueno la Universidad nunca se metió en ello, como institución y bueno son pocos los profesores que hacen algo que luego no puedan colocar en su curriculum. Así que si no había otro, ahí estaba yo para hacer una nueva selección es decir interpretación es decir construcción de Nietzsche. Un proceso de herencia, yo me postulaba como heredero de Nietzsche, al parecer sin tener derecho. Pero de eso me iba a enterar 10 años después, porque en ese tiempo las corporaciones y lo embajadores brillaban por su ausencia. Si yo soy condenado y no puedo seguir con esta tarea es hora de que alguien la tome en sus manos. Estoy hablando de las instituciones filosóficas que alguna vez deberán salir a defender la filosofía.
Porque la universidad no tomaba y no toma en sus manos la tarea de digitalizar sus bibliotecas, de dar así una garantía de calidad sobre el material publicado, garantía tan necesaria como sabemos los que gustamos de leer y coleccionar los textos que andan por la web, y que tantas veces nos topamos con pésimas ediciones, pésimas traducciones, escaneos jamás corregidos y otras lindezas. Que a la universidad no le interés esta tarea es algo cuyo motivo se me escapa. Que no lo hagan los estados, las embajadas, ahora me parece más lógico. Yo, en mi ingenuidad, y teniendo en cuenta que, por ejemplo, la embajada de Francia regala dinero a las editoriales que publican libros franceses, pensé que alguien como el agregado cultural francés, nuevamente por ejemplo, estaría interesado en la difusión de la cultura francesa, ya vimos que no, muy por el contrario, el agregado se dedica a buscar alguien que termine con el lugar más completo en el mundo sobre uno de los filósofos franceses más importantes del siglo que pasó. Un mail de Minuit, editorial que dicho sea de paso a publicado UN libro de Derrida, hace que inmediatamente se monte una cruzada internacional contra el “loco y terrorista” -así me contó Paco Vidarte (traductor de Derrida y buen amigo lamentablemente muerto hace un año) que me llamaban los editores en sus cocteles. La cruzada no es para poner un peso en la página que tantos buenos servicios presta a Francia, pesos que no hubieran venido nada mal para pagar los gastos que todo sitio tiene, ni siquiera para dar algún apoyo moral, no. La embajada decide terminar con Derrida en la web . Encerrado en las bibliotecas francesas (si es que todavía no han sacado alguna ley contra estos otros violadores de las patentes de los editores de papel) muerto bien muerto es como al parecer lo quieren los agregados “culturales”, los dueños de editoriales y todos aquellos que se reclaman DUEÑOS legales de su herencia, los hijos legales de Derrida y Heidegger, deciden matarlos, una vez más; por eso Guadalupe Aguiar Masuelli y Lucas Sallovitz tan bien eligieron el nombre de este grupo que ellos crearon: contra la desaparición de Derrida y Heidegger, que de eso se trata, muerte de algunos de sus fantasmas, desaparición de su obra para miles de personas que no tienen el dinero que le piden los DUEÑOS, o que simplemente no encuentran nada de sus obras, ni en las bibliotecas públicas analógicas ni en las librerías, todos lo que tenemos la afición de la filosofía, sabemos que los libros se compran cuando se puede, una tarea de recopilación como la que implicó estas web, necesita de 10 años de andar recogiendo material de donde se pueda, sin prisa y sin pausa, invito a mis denunciantes a que me digan, donde puedo encontrar a parte de mis webs, el material que ellos obligaron con su acción judicial a destruir, en qué librería se puede comprar, en que biblioteca se puede consultar. Había dos ya no están, gracias a los esfuerzos conjuntos de difusión cultural de la embajada de Francia y la Cámara argentina del libro .
Cuando empecé, tarde, con esto de internet, me fascinaba que todo fuera gratis, que cualquiera pudiera subir las cosas que quería y amaba a la web, justamente porque lo que queremos y amamos, amamos compartirlo, para que viva o mejor dicho perviva. “Pedirme que renuncie a aquello que me ha formado, a aquello que tanto he amado, no es sino pedirme que me muera”. Esto decía Derrida en la última entrevista antes de su muerte.
Si amamos la filosofía, no podemos dejar que nos la arrebaten del espacio público, de la web. Cada vez queda menos aire, cada vez nuevas y gigantescas corporaciones, controlan todos y cada uno de nuestros pasos, para vendernos baratijas y Dios sabe que otra canallada más. Esta es una lucha de todos, para que no necesariamente venga lo peor.
Está en nosotros pelear por la herencia, para que la huella siga diseminándose. Somos nosotros los únicos que podemos defender la difusión de la cultura en la web sin la imposición de Tutores y Encargados. Como decía el viejo Kant: “¡Sapere Aude! He aquí la bandera de la Ilustración.”