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mercredi, mai 13, 2009

Difundir perjudica la difusión La sin-razón de la sin-razón


Difundir perjudica la difusión… wtf???
Esto opina Les Editions de Minuit

“Horacio Potel has posted, over the course of several years, without authorisation, and free of charge, full versions of several of Jacques Derrida’s works, which is harmful to the diffusion of his (Derrida)’s thought,” said the French publisher, which claimed it had written several times to Potel to ask him to stop the practice before taking action.

Traducción rápida: Horacio Potel publicó a lo largo de varios años, sin autorización y de forma totalmente gratuita, versiones completas de varios trabajos de Jacques derrida, lo que es dañino para la difusión de sus (los de Derrida) pensamientos” dijo la editorial francesa que reclama haber intimado varias veces a Potel pidiendo que detenga esta práctica antes de tomar acciones legales.

Una perla de la coherencia / incoherencia… Lograda por Catherine Saez para IP Watch, en un texto que reproducimos hoy en Vía Libre
Tomado de Cultura Libre
Enlace a la nota citada:
Argentina Copyright Case Brings Access To Education Into The Spotlight
http://www.ip-watch.org/weblog/2009/05/12/argentina-copyright-case-brings-access-to-education-into-the-spotlight/

mercredi, avril 22, 2009

No hay derecho de propiedad sobre la herencia


"Heredo algo que también debo transmitir: ya sea algo chocante o no, no hay derecho de propiedad sobre la herencia". DERRIDA, Jacques, Ecografías de la televisión, Buenos Aires, EUDEBA, 1998, p. 138.

jeudi, avril 02, 2009


Grupo en Facebook
contra la desaparición de hedeggeriana.com.ar y jacquesderrida.com.ar

En apoyo a la labor del docente universitario argentino Horacio Potel, responsable de la creación y mantenimiento de los sitios de difusión gratuita de filosofía en castellano Nietzscheana, Heideggeriana y Jacques Derrida, que ha sido enjuiciado por la Cámara Argentina del Libro, forzándolo a eliminar dos de esos preciados sitios.
http://www.facebook.com/group.php?gid=69836927743

samedi, mars 21, 2009

2020 contra la desaparición de Derrida y Heidegger


2020 contra la desaparición de Derrida y Heidegger

Llegué tarde al mundo de las computadoras, abril de 1998, cumpleaños 38, luego de meses de juntar plata me auto-regalo una Pentium 233, con 16 megas de memoria y un super-disco rígido de 5 gigas.
Venía con “Internet” gratis por un mes. Me metí para ver, lo hacia 1 hora por noche después de las 10 para no gastar tanto en teléfono y para no estar horas hasta que la foto de alguna pintura o de algún edificio terminara de bajar: tenía un modem de 33k y a la madrugada andaba más rápido.
Lo que vi me maravilló. Siempre tuve alguna afinidad con las imágenes, y ahora podía tener fotos, muchísimas fotos, coleccionar como loco miles de pinturas y palacios y catedrales, de las que salían y siguen saliendo en esos libros carísimos que ni antes ni ahora podía comprar. Ya había cambiado bastante mi vida la computadora, hasta tenía novia virtual (eso era en esa época algo rarísimo) chateaba y a veces intentaba hablar por internet con mi novia que estaba en Río Gallegos y luego en Bilbao y luego otra vez en Gallegos y luego nos casamos, previo “conocernos” (eso también era rarísimo, todavía era noticia televisiva el que se casara alguna pareja que se conoció de forma tan “anormal”. Era una noticia de freaks. Se hablaba de la adicción a Internet y las psicólogas como siempre nos informaban de lo peligroso que puede ser todo eso, para la salud, claro, como siempre).
El afán coleccionista pronto se extendió a los libros, yo estudiaba filosofía y estaba nuevamente fascinado con Nietzsche. Pero la desilusión con el estado de la web llegó pronto. De filosofía en Internet había poco y más bien nada. Unos sitios feísimos en ingles, alguna cosa en texto sin formatear en alemán, poco y nada y, claro, nada nuevo. En castellano, según Altavista (el anterior Google) había solo 15 páginas que tenían extractos de textos de Nietzsche. Eso me dio la idea.
Una noche muerto de ansiedad por subir el “sitio” a fines de diciembre del 99, subí a la web: Nietzsche en castellano, y la cantidad de textos de Nietzsche en español se duplicó en el mundo en una noche. Era un lugar muy feo (más feo aun de lo que es ahora, aún más lleno de colorinches, claro tenía un monitor malísimo, que apenas me dejaba ver algo, oscureciendo todo y apagando los colores).
Mi idea con Nietzsche era la de la selección. Menos que ahora, igualmente era fácil conseguir ediciones baratas de Nietzsche, con pésimas traducciones, de dudosos libros suyos: “La voluntad de poder”, “Mi hermana y yo” y otras falsificaciones, eran y siguen siendo lo primero con lo que uno se puede topar buscando saber quién era ese tipo que se volvió loco. Así que yo iba a poner a mí Nietzsche, una selección estricta de lo que yo pensaba que era la forma adecuada de entrarle a Nietzsche.
Luego fue el turno de los comentaristas de Nietzsche, es decir de lo que yo estaba leyendo, esas webs son el mapa de mis lecturas, porque yo a esa altura del partido había descubierto algo que pareciera que mucha gente aún no sabe: las computadoras son más eficientes que las máquinas de escribir. La primera vez que pude trabajar a Heidegger con ocho artículos suyos abiertos en mi computadora y no apilados en el suelo, perdiendo horas para buscar el lugar donde creo que está la cita que acabo de recordar. Nadie subraya que es imposible el trabajo académico sin computadora, lo que implica sin la digitalización de los textos con los cuales se trabaja. Los libros de papel, son muy útiles al leer una novela, sobre todo si es desde la cama como a mí me gusta. Pero a la hora de escribir papers de filosofía, los libros de papel se convierten en un anacrónico estorbo. Así que me vi abocado a buscar esos textos digitalizados, corregirlos, hacérmelos legibles, modificar algunas traducciones horribles: por ejemplo “Márgenes de la filosofía” está traducido y editado de tal manera que algunos de los textos más importantes de Derrida se tornan ilegibles, por qué no tenemos una traducción mejor: pues por lo de siempre, las patentes de los editores, cagandose en los derechos de los autores. Porque que alguien pueda ser leído, pueda ser encontrado, en un lugar que ofrece un mínimo de calidad sobre lo que publica, que ordena el material, que lo recopila y lo reúne, que permite hacer búsquedas de conceptos en casi toda la obra escrita del autor, un lugar así es un derecho que todo autor debería tener. Derrida y Heidegger los tenían en la web, las corporaciones que viven de ellos han terminado con estos derechos de autor, para hacer valer sus patentes y sus propiedades. El vampirismo puede llegar hasta el asesinato.
Este criterio de selección me parece importante y me parece que es algo que molesta mucho a las editoriales multinacionales, a las embajadas neocoloniales y a las corporaciones de editores. Al fin y al cabo se supone o se suponía que ellos estaban o están dotados del poder de decidir que debía ser difundido y que no. Este poder, este capital simbólico es al fin y al cabo capital al que ninguna corporación en su afán de lucro y poder, quiere renunciar, aunque sean corporaciones que defienden formas de distribución que el mismo sistema económico y legal que les da la pequeña satisfacción de cerrar al fin un lugar de difusión gratuito, los condena por otra parte a la desaparición, no soy yo el enemigo de las editoras de papel, son Google, las grandes compañías telefónicas y de acceso a Internet, en definitiva un sector dinámico y eficiente de la industria capitalista hace desaparecer a una industria obsoleta; nada nuevo bajo sobre el sol, salvo que los defensores de lo viejo, no desquitan su furia no con los gigantes que los enviaran tarde o temprano a la ruina, sino con un pobre tipo que no sabe nunca como llegar a fin de mes. Igualmente no voy a decir que la “valentía” de la Embajada de Francia y la Cámara Argentina del Libro, al elegir atacarme a mí y no por ejemplo a Google, no me da una perspectiva de mi trabajo que nunca tuve, si tales personajes se han conjurado para acabar con los fantasmas que yo puse en la web, alguna magia deberían tener los mismos.
Hubiera sido interesante que esta tarea de selección, no la hubiera realizado un particular que tenía entre sus meritos solamente estudiar filosofía, pero bueno la Universidad nunca se metió en ello, como institución y bueno son pocos los profesores que hacen algo que luego no puedan colocar en su curriculum. Así que si no había otro, ahí estaba yo para hacer una nueva selección es decir interpretación es decir construcción de Nietzsche. Un proceso de herencia, yo me postulaba como heredero de Nietzsche, al parecer sin tener derecho. Pero de eso me iba a enterar 10 años después, porque en ese tiempo las corporaciones y lo embajadores brillaban por su ausencia. Si yo soy condenado y no puedo seguir con esta tarea es hora de que alguien la tome en sus manos. Estoy hablando de las instituciones filosóficas que alguna vez deberán salir a defender la filosofía.
Porque la universidad no tomaba y no toma en sus manos la tarea de digitalizar sus bibliotecas, de dar así una garantía de calidad sobre el material publicado, garantía tan necesaria como sabemos los que gustamos de leer y coleccionar los textos que andan por la web, y que tantas veces nos topamos con pésimas ediciones, pésimas traducciones, escaneos jamás corregidos y otras lindezas. Que a la universidad no le interés esta tarea es algo cuyo motivo se me escapa. Que no lo hagan los estados, las embajadas, ahora me parece más lógico. Yo, en mi ingenuidad, y teniendo en cuenta que, por ejemplo, la embajada de Francia regala dinero a las editoriales que publican libros franceses, pensé que alguien como el agregado cultural francés, nuevamente por ejemplo, estaría interesado en la difusión de la cultura francesa, ya vimos que no, muy por el contrario, el agregado se dedica a buscar alguien que termine con el lugar más completo en el mundo sobre uno de los filósofos franceses más importantes del siglo que pasó. Un mail de Minuit, editorial que dicho sea de paso a publicado UN libro de Derrida, hace que inmediatamente se monte una cruzada internacional contra el “loco y terrorista” -así me contó Paco Vidarte (traductor de Derrida y buen amigo lamentablemente muerto hace un año) que me llamaban los editores en sus cocteles. La cruzada no es para poner un peso en la página que tantos buenos servicios presta a Francia, pesos que no hubieran venido nada mal para pagar los gastos que todo sitio tiene, ni siquiera para dar algún apoyo moral, no. La embajada decide terminar con Derrida en la web . Encerrado en las bibliotecas francesas (si es que todavía no han sacado alguna ley contra estos otros violadores de las patentes de los editores de papel) muerto bien muerto es como al parecer lo quieren los agregados “culturales”, los dueños de editoriales y todos aquellos que se reclaman DUEÑOS legales de su herencia, los hijos legales de Derrida y Heidegger, deciden matarlos, una vez más; por eso Guadalupe Aguiar Masuelli y Lucas Sallovitz tan bien eligieron el nombre de este grupo que ellos crearon: contra la desaparición de Derrida y Heidegger, que de eso se trata, muerte de algunos de sus fantasmas, desaparición de su obra para miles de personas que no tienen el dinero que le piden los DUEÑOS, o que simplemente no encuentran nada de sus obras, ni en las bibliotecas públicas analógicas ni en las librerías, todos lo que tenemos la afición de la filosofía, sabemos que los libros se compran cuando se puede, una tarea de recopilación como la que implicó estas web, necesita de 10 años de andar recogiendo material de donde se pueda, sin prisa y sin pausa, invito a mis denunciantes a que me digan, donde puedo encontrar a parte de mis webs, el material que ellos obligaron con su acción judicial a destruir, en qué librería se puede comprar, en que biblioteca se puede consultar. Había dos ya no están, gracias a los esfuerzos conjuntos de difusión cultural de la embajada de Francia y la Cámara argentina del libro .
Cuando empecé, tarde, con esto de internet, me fascinaba que todo fuera gratis, que cualquiera pudiera subir las cosas que quería y amaba a la web, justamente porque lo que queremos y amamos, amamos compartirlo, para que viva o mejor dicho perviva. “Pedirme que renuncie a aquello que me ha formado, a aquello que tanto he amado, no es sino pedirme que me muera”. Esto decía Derrida en la última entrevista antes de su muerte.
Si amamos la filosofía, no podemos dejar que nos la arrebaten del espacio público, de la web. Cada vez queda menos aire, cada vez nuevas y gigantescas corporaciones, controlan todos y cada uno de nuestros pasos, para vendernos baratijas y Dios sabe que otra canallada más. Esta es una lucha de todos, para que no necesariamente venga lo peor.
Está en nosotros pelear por la herencia, para que la huella siga diseminándose. Somos nosotros los únicos que podemos defender la difusión de la cultura en la web sin la imposición de Tutores y Encargados. Como decía el viejo Kant: “¡Sapere Aude! He aquí la bandera de la Ilustración.”

mercredi, mai 21, 2008


Por amor a Derrida
Evocando aquel “Por amor a Lacan” de Jacques Derrida, se reúnen en este volumen las conferencias y algunas de las presentaciones en paneles a las V Jornadas Internacionales Nietzsche y Jornadas Derrida, realizadas en Buenos Aires en octubre de 2006, en la Alianza Francesa, y coordinadas por Mónica B. Cragnolini.
Derrida ha pensado el amor de muchas maneras, pero, de manera pregnante, lo ha hecho desde el verbo, desde el infinitivo (aimer). Si el amor se piensa en infinitivo, entonces es que no importa ningún contenido (ningún objeto llamado “amor”, y ningún “objeto” del amor), sino el acto de amar. Por ello la declaración de amor nada dice, sino que “hace” algo. Hace el amor.
Escribir es otro modo de hacer el amor. Las escrituras de Cristina de Peretti, Mara Negrón, Antonio Tudela Sancho, Roberto Ferro, Jorge Panesi, Paco Vidarte, Marcelo Percia, Paulo César Duque-Estrada, Gregorio Kaminsky, Patrice Vermeren, Raymundo Mier, Mónica B. Cragnolini, Horacio Potel, François Laruelle y Jean-Luc Nancy, testimonian aquí, desde diversas temáticas derridianas, de aquello que se trata –sin nombrarlo– en el amor. Y lo testimonian por amor a Derrida.

mercredi, octobre 04, 2006

Nietzsche y Derrida en la Red


Conferencia de Horacio Potel, el viernes 20 de octubre, a las 18.15 hs en la Alianza francesa, Av. Córdoba 936/946, Ciudad de Buenos Aires, en el marco de la Semana Nietzsche-Derrida

vendredi, mai 26, 2006

Gadamer, Derrida y la politíca del sentido


El agricultor sensato y el jardinero jugador.
Gadamer, Derrida y la política del sentido.
Horacio Potel
El 25 de abril de 1981 en el Instituto Goethe de París, frente a Jacques Derrida, Gadamer declaraba «Yo echo de menos en los seguidores franceses de Nietzsche un esclarecimiento de lo que significa la dimensión seductora del pensamiento nietzscheano. Sólo así llegan a pensar, creo yo, que la experiencia del ser que Heidegger intentó descubrir detrás de la metafísica es más radical en el extremismo de Nietzsche». Por cierto «el genio del corazón» del que Nietzsche-Dioniso nos prohibió revelar su nombre: «no dice una palabra, no lanza una mirada en las que no haya un propósito y un guiño de seducción». Porque la seducción es ocultación y promesa, la seducción acaba con lo presente, necesita del velo y de la distancia, vive de la ausencia, muere en la presencia; la seducción es promesa, por-venir, tiene una estructura mesiánica: Dioniso o el Crucificado, Dioniso y el Crucificado.
Ver artículo completo:
  • Gadamer, Derrida y la política del sentido
  • vendredi, septembre 09, 2005

    «Salut à toi, salut aux aveugles que nous devenons»

    Jean-Luc Nancy
    «Salut! Comment ne pas te dire "salut!" au moment où tu t'en vas ? Comment ne pas répondre à ce "salut !" que tu nous adressais, un "salut sans salvation, un imprésentable salut" comme tu disais ? Comment ne pas le faire, et que ferions-nous d'autre ? Comme toujours, le temps du deuil n'est pas celui de l'analyse ni de la discussion. Pour autant, il n'est pas inévitable qu'il soit celui des hommages gominés. Il peut et il doit être avec toi le temps du salut : salut, adieu ! Tu nous quittes, tu nous laisses devant l'obscurité dans laquelle tu disparais. Mais : salut à l'obscurité ! Salut à cet effacement des figures et des schémas. Salut aussi aux aveugles que nous devenons, et dont tu faisais un thème de prédilection : salut à la vision qui ne tient pas aux formes, aux idées, mais qui se laisse toucher par les forces.
    «Tu t'exerçais à être aveugle pour mieux saluer cette clarté que seule l'obscurité possède : celle qui est hors de vue et qui enveloppe le secret. Non pas un secret dissimulé, mais l'évident, le manifeste secret de l'être, de la vie/la mort. Salut donc au secret que tu gardes sauf.
    «Et salut à toi : salve, sois sauf ! Sois sauf dans cette impossibilité de santé ou de maladie où tu es entré. Sois sauf non de la mort mais en elle, ou bien si tu permets, s'il est permis, sois sauf comme la mort. Immortel comme elle, ayant en elle ta demeure depuis ta naissance.
    «Salut ! Que ce salut te soit bénédiction (cela aussi tu nous l'as dit). "Bien dire" et "dire le bien": bien dire le bien ­ le bien ou l'impossible, l'imprésentable qui se dérobe à toute présence et qui tient tout entier dans un geste, une bienveillance, la main levée ou posée sur l'épaule ou sur le front, un accueil, un adieu ­ qui se dit "salut !".
    «Salut à toi, Jacques, et salut aussi, au plus près, à Marguerite, à Pierre et à Jean.»

    lundi 11 octobre 2004 (Liberation - 06:00)

    lundi, août 08, 2005

    Présence de Derrida


    Présence de Derrida - Par Jürgen Habermas
    Derrida n'aura guère eu d'égal que Foucault pour forger l'esprit de toute une génération, et cette génération il l'aura tenue en haleine jusqu'à aujourd'hui. Mais à la différence de Foucault, et bien qu'il ait été également un penseur politique, l'apport de Derrida à ceux qui l'ont suivi aura été de les aider à canaliser leurs impulsions dans les rails d'un exercice, qui n'implique pas d'abord un contenu doctrinal, ni même la création d'un vocabulaire producteur d'un nouveau regard sur le monde. Certes, il y a tout cela aussi, mais l'exercice proposé par Derrida est d'abord une fin pour lui-même : s'immerger dans la lecture micrologique des textes et y mettre à jour les traces qui ont résisté au temps. Comme la dialectique négative d'Adorno, la déconstruction de Derrida est aussi et avant tout une pratique.
    Nombreux étaient ceux qui avaient connaissance de cette maladie contre laquelle Jacques Derrida mena un combat souverain. La mort n'est donc pas venue tout à fait par surprise. Elle nous touche cependant comme un événement soudain, précipité, qui nous tire brutalement de ce que la banalité usuelle du quotidien a de rassurant. Certes, le penseur survivra dans ses textes, lui qui a dépensé toute son énergie intellectuelle dans la lecture incessante des grands textes et qui a célébré le primat de l'écrit transmissible sur la présence de la parole. Mais nous savons désormais que ce qui nous manquera, c'est la voix de Derrida, la présence de Derrida.
    Le lecteur de Jacques Derrida rencontre un auteur lisant les textes à contre-fil jusqu'à ce qu'ils livrent un sens subversif. Sous son regard inflexible, tout contexte se délite en fragments ; le sol que l'on supposait stable devient mouvant, celui que l'on supposait plein dévoile son double fond. Les hiérarchies, les agencements et les oppositions habituels nous livrent un sens à rebours de celui qui nous est familier. Le monde dans lequel nous croyions être chez nous devient inhabitable. Nous ne sommes pas de ce monde : nous y sommes des étrangers parmi les étrangers. Et, finalement, un message religieux qui n'est plus guère chiffré.
    Il est rare que des textes paraissent dévoiler aux lecteurs anonymes le visage de leurs auteurs d'une manière aussi nette. Pourtant, Derrida appartenait en réalité aux auteurs qui prennent au dépourvu leurs lecteurs lorsqu'ils les rencontrent personnellement. Il n'était pas celui que l'on attendait. C'était une personne d'une amabilité peu commune, élégante, certainement vulnérable et sensible, mais sachant être à l'aise et qui, lorsqu'il accordait sa confiance, s'ouvrait avec sympathie ; c'était une personne amicale, disposée à l'amitié. J'ai précisément eu cette joie, lorsque nous nous sommes revus il y a six ans, ici, dans les environs de Chicago, à Evanston d'où je lui envoie cet ultime hommage, qu'il m'accorde sa confiance.
    Derrida n'a jamais rencontré Adorno. Mais lorsqu'il reçut le prix Adorno de la ville de Francfort, il prononça à la Paulskirche un discours de réception qui, du geste de la pensée jusque dans les replis secrets des thèmes oniriques propres au romantisme, ne pouvait pas avoir plus d'affinités avec l'esprit même d'Adorno. Les racines juives sont sans doute l'élément par lequel leurs pensées s'assemblent. Scholem est resté un défi pour Adorno, Lévinas est devenu un maître pour Derrida. L'oeuvre de Derrida peut, à cet égard, avoir en Allemagne également une vertu éclairante ; s'il s'appropria en effet les thèmes du dernier Heidegger, du moins le fit-il sans sombrer dans le néopaganisme et sans trahir les sources mosaïques.

    Libération - 13.10.04

    Reste, viens - Par Jean-Luc Nancy


    Reste, viens - Par Jean-Luc Nancy
    Qu'il est difficile d'écrire alors que le silence s'impose. Et pourtant il le faut, il faut sans attendre adresser le salut. Jacques, il m'est impossible d'écrire aujourd'hui autrement qu'en m'adressant à toi. Déjà, revenant de Paris après t'avoir vu, je pensais que je t'écrirais chaque jour un mot, pour passer les limites et la fatigue, pour toi, du téléphone. Et voici que c'est la seule lettre possible. Mais je suis incapable de ne pas faire comme si, malgré tout, je pouvais t'écrire. Il ne m'est pas possible de me tourner vers un "public". Il faut parler de toi, mais en parlant à toi. Comme si...

    Tu as aimé ce "comme si" venu de Kant et que tu voulais reprendre non pas comme un procédé d'illusionniste mais comme une affirmation sans réserve de la présence de l'impossible et de l'inconditionné. Comme s'il était là - l'absolu -, et de fait il y est. Ainsi tu es là, toi, tu es inconditionnellement et absolument celui que tu es - éternellement. Et cela n'a rien à voir avec une résurrection religieuse (nous en parlions, tu plaisantais : "Finalement, j'aimerais mieux une vraie résurrection classique !"). Mais cela a tout à voir, d'une part avec cette présence aujourd'hui, la tienne, pas encore déposée sur la rive de la mémoire, encore un instant dans le fleuve, suspendue - et d'autre part avec le caractère absolu, exclusif, ineffaçable de chacun, de chaque existence.
    Tu as écrit que la mort de chacun est "chaque fois unique la fin du monde". C'est-à-dire que le monde est chaque fois tout entier présent en chacun, comme chacun. Toujours chaque fois surgissant et s'abîmant, soustrait à la permanence et à l'identité, remis à l'éclipse et à l'altérité. Tu n'es plus toi-même, tu n'es même plus "toi" - c'est à ce "même plus" que je m'adresse - et ainsi tu es, tu nous es donné aussi bien que tu es abandonné de tous.
    Mais tous s'occupent de l'autre toi, de ton ombre célèbre. On répète partout que tu es le philosophe de la "déconstruction". Mais cette trop fameuse et presque toujours mécomprise "déconstruction", à quoi revient-elle, sinon à ceci : s'approcher de ce qui reste lorsque sont démontés les systèmes de signification (les mépaphysiques, les humanismes, les visions du monde). Ce démontage, tu ne l'as pas inventé, tu as toi-même rappelé qu'il est congénital à la philosophie : elle bâtit et démonte des constructions de sens. Ce qui reste, c'est ce qui ne se laisse pas assigner ni arraisonner sous un sens donné. C'est la vérité de l'unique, de chacun en tant qu'autre qui ne revient jamais au même, qui ne se laisse pas identifier, qui s'écarte et qui s'en va. Comme tu viens de le faire. Comme toute ta vie tu as voulu farouchement, ombrageusement le faire.
    Tu voulais démonter non pour ruiner mais pour desserrer, pour désassembler et ainsi délivrer ce reste : un excès infini de l'existence finie, l'absolu du singulier (qui n'a rien de solipsiste).
    Voilà ce qui reste de toi, ce qui reste toi. Tu es arrivé avec cela il y a quarante ans. D'un coup, tu désignais ce reste et cet excédent. Recueillant de Heidegger l'"être hors de soi" et de Husserl et Merleau-Ponty la force du signe au-delà du sens, l'"écriture". Dès 1963, tu disais : "Le sens n'est ni avant ni après l'acte", et c'est la force, la fougue et la violence même de cet acte toujours recommencé que tu voulais faire tienne. Ce qui alors nous a saisis, nombreux, c'était ce désir impatient, superbe, irrité, excessif qui te faisait brûler la pensée comme la vie par toutes les extrémités. C'était cette générosité tout à la fois débordante et inquiète qui se manifestait par les lectures autant que par les amitiés, qui te portait sur tous les fronts et te repliait aussi bien dans le secret, qui te faisait tant parler et autant te taire.
    Tu avais compris que le besoin de l'époque est de nouveau, comme pour Hegel, dans le souci de ce qui reste lorsque "une forme de la vie achève de vieillir": il reste "la vie" soustraite à ses formes, il reste un dépouillement, un vide par lequel on passe à une autre forme. Pas à un "futur" déjà représenté, mais à un "à venir" dont l'essence est de venir, non d'être représentable et calculable. Cet incalculable, ce défi au calcul et à la maîtrise, ce défi - au fond - à toi-même et à ta propre puissance aura été ton ressort le plus vif. Tu as désiré être altéré - emporté, enlevé, aliéné - non à distance de ton être propre, mais en lui au plus propre de lui : comble d'appropriation et de dissémination conjointes. Ta puissance ne vient pas d'ailleurs : de cette prodigieuse volonté de saisir ensemble l'insensé et la vérité, le reste et l'à-venir, dans un acte de sens toujours unique et toujours renouvelé. Une folie, oui, Jacques, on peut le dire et tu ne refuses pas qu'on le dise. Une belle folie, comme l'a toujours été depuis Platon le "beau risque" de la philosophie. La folie de la raison, rien de plus, rien de moins. De la raison qui exige l'inconditionné : chacun comme s'il était le monde et parce qu'il est le monde. Je ne peux que te dire : reste, viens.